Qué incluye
El trabajo de suelos y azulejos cubre desde la preparación de la base hasta la colocación final del material elegido. El instalador de nuestra red revisa primero el estado del suelo existente, porque de ahí depende si hace falta retirarlo, nivelarlo o si se puede colocar el nuevo material directamente encima.
Los azulejos son la opción más resistente a la humedad y al desgaste diario, por eso son habituales en baños y cocinas, y no necesitan tratamientos especiales de mantenimiento una vez colocados. El parqué y la tarima, en cambio, aportan una sensación más cálida al tacto y suelen reservarse para salones y dormitorios, aunque requieren más cuidado frente al agua. El laminado ofrece un punto intermedio, con un mantenimiento sencillo y un aspecto similar a la madera.
El tono y el tamaño de la pieza influyen en cómo se percibe cada estancia. Los formatos grandes y los tonos claros aportan sensación de amplitud, mientras que los tonos tierra o los formatos pequeños crean un ambiente más recogido. El instalador puede orientar sobre qué combinación conviene según la luz natural de cada habitación.
No existe un suelo único para toda la vivienda. En el salón o los dormitorios puede interesar un suelo cálido, mientras que en baños y cocinas la prioridad suele ser la resistencia al agua. El instalador de nuestra red trabaja tanto con azulejos como con parqué, laminado y tarima, y valora el estado del suelo actual antes de recomendar un material u otro.
Cómo se hace
El proceso empieza con una visita del instalador para revisar el estado del suelo actual y comprobar si está nivelado, si hay humedad o si el material existente puede quedarse como base. Según lo que encuentre, decide si hace falta retirar el suelo anterior o si el material nuevo se puede colocar directamente encima.
Si hay que retirar el suelo existente, primero se levanta el material antiguo y se limpia la superficie de restos de adhesivo o de mortero. A continuación se nivela la base, con una capa de autonivelante si hace falta, porque una base irregular acaba marcándose en el suelo terminado, sobre todo con azulejos o laminado.
Con la base lista, el instalador coloca el material elegido. En el caso de los azulejos, los coloca con el adhesivo adecuado según el tipo de pieza y el soporte, respetando las juntas y comprobando que quedan nivelados con un nivel láser o de burbuja. En parqué y tarima, el material se fija o se encola según el sistema del fabricante, dejando el margen de dilatación necesario en los bordes de la habitación.
Una vez colocado el material, se rejuntan los azulejos con la lechada correspondiente o se remata el parqué con los rodapiés y las transiciones entre estancias. El instalador limpia la superficie de restos de obra y revisa que no queden piezas mal ancladas ni juntas irregulares.
Por último, se hace una revisión conjunta con el propietario, comprobando el acabado en cada zona y resolviendo cualquier detalle pendiente, como un rodapié suelto o una junta que necesita retoque, antes de dar el trabajo por terminado.
Cuánto dura
El tiempo que lleva instalar un suelo depende, en primer lugar, de si hay que retirar el material existente. Levantar un suelo antiguo y limpiar la base añade días respecto a colocar el material nuevo directamente sobre una superficie ya preparada.
El material elegido también influye. Los azulejos necesitan tiempo de secado del adhesivo antes de rejuntarse, y el rejuntado necesita a su vez otro tiempo de secado antes de poder pisar la zona con normalidad. El parqué y la tarima, si van encolados, siguen un proceso similar, mientras que los sistemas flotantes se instalan más rápido porque no dependen de tiempos de fraguado.
El estado de la base pesa igual de mucho. Si el suelo actual está muy irregular o tiene humedad, hace falta nivelarlo o tratar el problema antes de colocar el material nuevo, lo que alarga el plazo respecto a una base que ya está lista.
La superficie total y el número de estancias también condicionan el tiempo, igual que si hay que combinar distintos materiales en distintas zonas de la vivienda, algo habitual cuando se elige azulejo para baños y cocinas y parqué o tarima para el resto. Por último, si la vivienda está habitada durante la obra, el trabajo suele fraccionarse por zonas, lo que también añade tiempo.
De qué depende el presupuesto
El presupuesto de una instalación de suelos depende, en primer lugar, del material elegido. Los azulejos, el parqué, la tarima y el laminado tienen costes de material distintos, y dentro de cada categoría hay una variación amplia según la calidad y el acabado de la pieza.
El estado del suelo existente influye de forma directa. Si hay que retirar el material anterior y nivelar la base antes de colocar el nuevo suelo, el trabajo crece respecto a una superficie que ya está lista para recibir el material directamente.
La superficie total y la distribución de la vivienda también cuentan. Cuantas más estancias y más cambios de material haya, más puntos de transición y de remate hace falta resolver, y eso añade trabajo respecto a un suelo continuo en un solo material.
El sistema de colocación elegido, encolado o flotante en el caso del parqué y la tarima, también cambia el presupuesto, igual que el tipo de rejuntado o de acabado que se elija para los azulejos.
Por último, la accesibilidad de la vivienda y la necesidad de coordinar el trabajo con otros gremios, como fontanería si hay que mover algún desagüe antes de colocar el suelo del baño, condicionan el planteamiento del presupuesto que prepara el instalador tras revisar la vivienda.